22. Enno Haar
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¡Empezamos!
Tarde, como siempre. Mi primera clase en Sevilla: nueva ciudad, nueva escuela. Junto con cuatro estudiantes que todavía no conozco me encuentro en un aula algo estrecha. Alguien toca a la puerta; es Mercedes. No hace ni quince minutos que la conozco. Su papel consiste en recibir a los nuevos estudiantes y acompañarlos al aula correspondiente. Hemos hablado solo dos minutos, pero ya es una cara conocida en una ciudad donde no conozco a nadie. A fin de cuentas, acabo de llegar.
Ayer por la tarde viajé en tren desde Málaga, vía Córdoba, a Sevilla. Un viaje de casi dos horas por una zona espectacular. Llegué con tiempo de sobra antes de que el tren saliera de Málaga, así que me instalé en mi plaza tranquilamente. Aunque lo cierto es que la mayoría de los asientos no fueron ocupados finalmente. Una vez ya acomodado, entró una chica al vagón empujando dos maletas de un tamaño descomunal, además de una bolsa de deporte pesada. Los números encima de los asientos indicaban que el suyo era el que estaba en diagonal frente al mío. Rondaría los veinticinco años, no muy alta. La vi echar un vistazo al maletero encima de los asientos y, a continuación, a sus pesadas maletas.
– ¿Te ayudo? – le pregunté.
– ¡No! – fue su respuesta. Áspera y concisa.
Me asusté. Para ser sincero, su respuesta no me parecía educada. Más que la respuesta, la manera en la que me respondió. Aún atónito, y de reojo, observé cómo levantaba la primera maleta sobre su cabeza, y cómo, apenas logrando empujarla por el borde, se deslizaba diagonalmente hasta la pared. Lo mismo ocurrió con la otra maleta y la bolsa de deporte. Se sentó y me miró como si quisiera decirme: “¿Has visto? No te necesito”. Durante el trayecto, volvió a mirarme varias veces de esa manera.
Poco antes de llegar a Sevilla, todos los viajeros se dirigieron hacia la puerta corredera del vagón. La chica de las maletas miró hacia el maletero. En este momento, los dos sabíamos perfectamente que ella no podría coger la maleta que antes apenas había logrado empujar por el borde. El tren se paró y solo quedábamos nosotros dos en el vagón. Me miró con un ligero pánico en los ojos. Cogí mi maleta, me colgué la mochila, la saludé amablemente con la cabeza y le deseé un feliz día. Fui el último en bajarse del tren, o al menos, eso parecía. Un placer recorrió mi cuerpo, aunque solo por unos 10 segundos.
Mercedes entra en el aula y, junto a ella, otra nueva compañera. Es la chica del tren.
Va a ser una semana dura.
¡Ahora practica tu comprensión lectora!
1. ¿Dónde se ven el protagonista y la chica del tren por primera vez?
A. Málaga
B. Córdoba
C. Sevilla
D. Granada
2. ¿Quién es el/la profesor/a de la clase en Sevilla?
A. La chica del tren
B. Mercedes
C. Alba
D. No lo sabemos
3. ¿Quién dice: “¿has visto? No te necesito”.?
A. La chica del tren
B. Jan, el escritor de la historia
C. Mercedes
D. Nadie
4. ¿Cuál de las siguientes palabras del texto NO es un adjetivo?
A. Descomunal
B. áspera
C. Concisa
D. Reojo
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